No vayas a la cisterna sin antes ir al Rey

Jeremías 38:7-13

7 Y oyendo Ebed-melec, hombre etíope, eunuco de la casa real, que habían puesto a Jeremías en la cisterna, y estando sentado el rey a la puerta de Benjamín, 

8 Ebed-melec salió de la casa del rey y habló al rey, diciendo: 

9 Mi señor el rey, mal hicieron estos varones en todo lo que han hecho con el profeta Jeremías, al cual hicieron echar en la cisterna; porque allí morirá de hambre, pues no hay más pan en la ciudad. 

10 Entonces mandó el rey al mismo etíope Ebed-melec, diciendo: Toma en tu poder treinta hombres de aquí, y haz sacar al profeta Jeremías de la cisterna, antes que muera. 

11 Y tomó Ebed-melec en su poder a los hombres, y entró a la casa del rey debajo de la tesorería, y tomó de allí trapos viejos y ropas raídas y andrajosas, y los echó a Jeremías con sogas en la cisterna. 

12 Y dijo el etíope Ebed-melec a Jeremías: Pon ahora esos trapos viejos y ropas raídas y andrajosas, bajo los sobacos, debajo de las sogas. Y lo hizo así Jeremías. 

13 De este modo sacaron a Jeremías con sogas, y lo subieron de la cisterna; y quedó Jeremías en el patio de la cárcel.

Aquí hay una historia muy interesante acerca de un etíope, un siervo del rey, un esclavo llegado desde muy lejos para servir en el palacio del rey. Y dice la palabra de Dios que está este siervo que escucha lo que se le ha hecho a Jeremías y Ebed-melec pudo haber hecho tres cosas. Al escuchar que Jeremías había sido echado en la cisterna, pudo haberse quedado sentado y haber hecho nada y haber dicho: “¡Qué me importa lo que le pase a Jeremías!, yo estoy bien aquí, no puedo hacer mucho, me quedo acostado en mi cama” y creo que muchas veces ese es el sentimiento que nosotros tenemos cuando vemos que la gente está muriendo sin Cristo, nos quedamos sentados, con los brazos cruzados y decimos: ¿a mi qué? Otra cosa que pudo haber hecho Ebed-melec es haber ido a la cisterna, directamente a dónde estaba Jeremías, pudo haber corrido hasta esa cisterna y buscar algunas sogas y tratar de sacar a Jeremías, pero si tú has tratado de ayudar a alguien a salir de un hoyo, no es fácil. Y la tercera cosa que pudo haber hecho y que si hizo es ir al rey.  Quiero hablar de “No vayas a la cisterna sin antes ir al rey.” ¿Para qué? ¿De que te va a ayudar?

Hace años cuando mi esposa y yo nos íbamos a casar, solicitamos una visa de prometidos y esta visa sirve para aquel que no tiene residencia o permiso para entrar a Estados Unidos al estar comprometido le den permiso. Estábamos en Ciudad Juárez y hablamos con una persona en el consulado de ahí y me dijo: “No vas a entrar.” Después hablamos con otra y nos dijo de la misma manera y mi esposa dijo: Queremos hablar con el cónsul y las personas se quedaron así como para qué quiere hablar con el cónsul. Queríamos casarnos y vino el cónsul, se sentó, y dijo: Hablen. Hablamos y nos dió la visa de prometidos. Cuando vamos y hablamos al rey, podemos hacer más que si hacemos las cosas por nosotros mismos. Cuando hacemos las cosas por nosotros mismos sin la ayuda de Dios fracasamos, cuando hacemos las cosas sin orar fracasamos, cuando hacemos las cosas sin confiar y pedirle a Dios su dirección nos sale mal. Qué tan importante es primero ir al Rey que ir a la cisterna. 

Estoy leyendo un libro de un misionero en Ecuador y Perú llamado Klaus y este misionero alemán nació en 1960. Y cuando era niño llevó a su amigo Michael de 10 años a la iglesia. Su amigo escuchó la gran historia de salvación y fue salvo. Alemania estaba dividida: en un lado la Alemania comunista y en otro la Alemania libre y estando las cosas difíciles, él no le dijo a su mamá que había sido salvo. Pero por consejo de Klaus le dijo que comenzara a leer la Biblia. La mamá de Michael comenzó a ver unas cosas diferentes en su hijo y vio que estaba leyendo la Biblia y ella le dijo: “¿Por qué tienes esa Biblia?” Él le dijo que se la había regalado su amigo Klaus, que había ido el domingo a la iglesia y que había aceptado a Cristo Jesús como su salvador. Ella se enojó mucho y le prohibió juntarse con Klaus. Estando en la escuela Klaus le preguntó a Michael que qué tenía, él le contó lo que su mamá le dijo. Klaus se quedó muy triste pero comenzó a orar y dijo que no le iba a decir a sus papás pero iba a ir al Rey antes de ir a la cisterna. Iba a hablar con el Rey que tiene dominio, él quería ver si Dios le podía ayudar. Pasó un día y nada y luego otro y nada y al tercer día su amigo Michael le dijo que su mamá de la nada le dijo que podía ser amigo de Klaus. Antes de enfrentarnos con el problema, y hacer algo tenemos que ir al Rey antes de ir a la cisterna.

Deuteronomio 20:1 dice: “Cuando salgas a la guerra contra tus enemigos, si vieres caballos y carros, y un pueblo más grande que tú, no tengas temor de ellos, porque Jehová tu Dios está contigo, el cual te sacó de tierra de Egipto.” Debemos de recordar que Jehová está con cada uno de nosotros pero no vayamos a la guerra sin Dios. ¿Cuántas veces vamos a la guerra sin Dios? Vamos a ganar almas sin Dios y cuando lo hacemos estando yendo sin el poder de Dios y Dios quiere ayudarnos a que veamos gente salva, ¿por qué no mejor ir en oración a Dios y decirle: “Necesito de tu poder, necesito que me des amor por las almas, te pido porque pueda alcanzar a esta gente que se está muriendo” e ir al rey antes que a la cisterna? Jonás no quería ir a Nínive y Dios le dió una lección en ese gran pez y mientras estaba ahí, pidió perdón y predicó y la ciudad fue salva e hicieron cambios en sus vidas. Que Dios nos ayude a ir al Rey antes que ir a la cisterna.

1. Ve al Rey por poder

Jeremías 38:9-11 dice “Mi señor el rey, mal hicieron estos varones en todo lo que han hecho con el profeta Jeremías, al cual hicieron echar en la cisterna; porque allí morirá de hambre, pues no hay más pan en la ciudad. Entonces mandó el rey al mismo etíope Ebed-melec, diciendo: Toma en tu poder treinta hombres de aquí, y haz sacar al profeta Jeremías de la cisterna, antes que muera. Y tomó Ebed-melec en su poder a los hombres, y entró a la casa del rey debajo de la tesorería, y tomó de allí trapos viejos y ropas raídas y andrajosas, y los echó a Jeremías con sogas en la cisterna.” Ebed-melec pudo haber ido a la cisterna sin haber ido a ver al rey pero él fue listo, usó su cerebro, este siervo dijo: “Puedo ir a la cisterna, pero mejor voy al rey.” De tal manera que antes de ir a la cisterna hay que ir al Rey y pedirle de su poder para poder compartir el evangelio. Dice Hechos 1:8 “pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.” Podemos ir al rey y decirle que en la cisterna, en el mundo hay gente sumida en el lodo. ¿Recuerdas cuando tú estabas en el lodo cenagoso? Y Dios te puso sobre la roca, la cual es Cristo. Estábamos metidos en esa cisterna dónde había moho, oscuridad y no había forma de salir de ese lugar pero la única manera es cuando alguien echó una soga y nos compartió de Cristo, y ese poder Dios nos lo puede dar pero tenemos que ir al Rey antes que ir a ganar almas. En ocasiones vas a tener que ir al rey por una semana, por un mes, por un año y decirle que esa persona sea salva y te ayude.

No solamente debemos de ir al Rey por poder para compartir sino para poder cumplir. 1 Corintios 4:16-17 dice: “Por tanto, os ruego que me imitéis. Por esto mismo os he enviado a Timoteo, que es mi hijo amado y fiel en el Señor, el cual os recordará mi proceder en Cristo, de la manera que enseño en todas partes y en todas las iglesias.” Cuando queremos proceder a nuestra manera metemos la pata, explotamos, actuamos mal, hablamos y decimos las cosas que no queríamos decir, damos mal testimonio pero Pablo dice: “el cual os recordará mi proceder en Cristo, de la manera que enseño en todas partes y en todas las iglesias. Mas algunos están envanecidos, como si yo nunca hubiese de ir a vosotros. Pero iré pronto a vosotros, si el Señor quiere, y conoceré, no las palabras, sino el poder de los que andan envanecidos. Porque el reino de Dios no consiste en palabras, sino en poder.” Pablo dice no solamente quiero ver palabras, sino el poder. Su poder nos ayuda para que tengamos el poder para vivir para Dios y nos ayuda para que andemos en su palabra. Dice la palabra de Dios que debemos de ser llenos del poder del Espíritu Santo para que hagamos lo que debemos hacer y no sólo de palabras sino de hechos. El reino de Dios no consiste en decir y decir y decir: “yo esto, yo aquello” y no hacer. El reino de Dios consiste en el poder que Dios nos da para cumplir su palabra. De tal manera que antes de ir a la cisterna, al mundo, antes de hablarle a la gente debemos de pedirle de su poder para poder hablarle a la gente y para proceder con poder. Tenemos una gran responsabilidad de proceder con poder, no solamente de palabras.

Dice Santiago 1:22 “Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos.”  Cuando no somos hacedores de la palabra nos engañamos a nosotros mismos. Dios nos da de su poder también para conquistar. Romanos 8:37 dice: “Antes, en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de aquel que nos amó.” Nos da de su poder para vencer, para conquistar, para seguir adelante, es el poder de Dios que nos ayuda. Dice la Biblia que él es quien nos ayuda. Dice 1 Juan 2:13 “Os escribo a vosotros, padres, porque conocéis al que es desde el principio. Os escribo a vosotros, jóvenes, porque habéis vencido al maligno. Os escribo a vosotros, hijitos, porque habéis conocido al Padre.” Dios nos ayuda con su poder para vencer al maligno, el pecado y este mundo. 

2. Ve al Rey por promesas

Dice la palabra de Dios en Josué 21:45 “No faltó palabra de todas las buenas promesas que Jehová había hecho a la casa de Israel; todo se cumplió.” En la palabra de Dios hay más de siete mil promesas. ¿En cuál estás confiando tú? Las promesas de Dios no fallan, tenemos que ir al Dios de las promesas cuando estamos en dificultades, cuando necesitamos su ayuda. Podemos ir al Rey porque su promesa nos confirma. 2 Corintios 1:20 dice: “porque todas las promesas de Dios son en él Sí, y en él Amén, por medio de nosotros, para la gloria de Dios.” Nos hace pararnos más seguros en lo que creemos, nos hace estar más confiados en él y podemos ir al Rey antes de ir a la cisterna, antes de ver el problema y la dificultad, podemos clamar y pedir su ayuda y él nos dice: “te voy a ayudar” y no podemos dudar de sus promesas.

Sus promesas nos consuelan dice Hebreos 6:17-18 “Por lo cual, queriendo Dios mostrar más abundantemente a los herederos de la promesa la inmutabilidad de su consejo, interpuso juramento; para que por dos cosas inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, tengamos un fortísimo consuelo los que hemos acudido para asirnos de la esperanza puesta delante de nosotros.” Sus promesas no solamente nos confirman, no solo nos ayudan sino que también nos dan consuelo porque no es un hombre para que mienta. Su promesa de salvación nos consuela y entonces no podemos andar en este mundo diciendo: “¡Ay! ¿qué va a ser de mí si muero? y ¿qué tal si voy al infierno?” No podemos decir eso porque tenemos una esperanza viva en el Rey, en las promesas que él tiene para nosotros, una esperanza que no cambia, una promesa que es inmutable, no solamente la promesa sino el juramento, el testamento siendo sellado en la sangre de Cristo tenemos un fortísimo consuelo en él y eso nadie lo puede cambiar. Cuando Jesús le dijo al malhechor que estaba en la cruz que estaría con él en el paraíso, él tenía una promesa de parte de Jesús y si un soldado le hubiera dicho que se iba a ir al infierno por haber hecho lo que hizo, el malhechor pudo haberlo dicho desde arriba que no, porque Jesús lo había salvado, él tenía un fortísimo consuelo en la promesa de Cristo.

2 Corintios 7:1 dice: “Así que, amados, puesto que tenemos tales promesas, limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu, perfeccionando la santidad en el temor de Dios.” Cuando Ebed-melec habló con el rey y le dijo que por favor le ayudara a sacar a Jeremías, el rey le dijo que le iba a ayudar. Ebed-melec al tener el poder y la promesa del rey no podía desviarse del plan del rey.  Él tenía algo que hacer, tenía la promesa y esta le ayudaba a seguir adelante hacia el plan del rey, el plan de nuestro Rey es un cristiano sin contaminación. Cuando tú recuerdas las promesas de Dios, deberías de recordar que tenemos un Dios que cumple sus promesas y esas te deberían de llevar a limpiarte de toda contaminación a decir: “Dios es tan bueno y generoso, me ha prometido la vida eterna ¿cómo es que me voy a ensuciar con todo este mundo y este pecado habiendo Dios prometido todo esto?”

3. Ve al Rey por perdón

Ester dijo: “Y si perezco, que perezca.” Le estaba diciendo a Mardoqueo que oraran por ella porque iba a ir al rey y si el rey no la aceptaba la iba a matar. Ester 5:1-3 dice: “Aconteció que al tercer día se vistió Ester su vestido real, y entró en el patio interior de la casa del rey, enfrente del aposento del rey; y estaba el rey sentado en su trono en el aposento real, enfrente de la puerta del aposento. Y cuando vio a la reina Ester que estaba en el patio, ella obtuvo gracia ante sus ojos; y el rey extendió a Ester el cetro de oro que tenía en la mano. Entonces vino Ester y tocó la punta del cetro. Dijo el rey: ¿Qué tienes, reina Ester, y cuál es tu petición? Hasta la mitad del reino se te dará.” Ester encontró en los ojos del rey gracia, perdón y misericordia. Dice la Biblia que vayamos al trono de su gracia confiadamente y Ebed-melec llegó intrépidamente y confiadamente y cuando el rey lo vio, no lo mató sino que Ebed-melec halló perdón y misericordia y fue escuchado. Cuando tú y yo vamos al Rey no nos menosprecia, el rey no dice: “¡Ay! eres de México”, no, todos podemos tener entrada al trono de su gracia para encontrar auxilio, perdón y socorro delante de él. Antes de ir a la cisterna ve al Rey y pídele perdón.

Dice Jeremías 39:15-18 “Y había venido palabra de Jehová a Jeremías, estando preso en el patio de la cárcel, diciendo; Ve y habla a Ebed-melec etíope, diciendo: Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: He aquí yo traigo mis palabras sobre esta ciudad para mal, y no para bien; y sucederá esto en aquel día en presencia tuya. Pero en aquel día yo te libraré, dice Jehová, y no serás entregado en manos de aquellos a quienes tú temes. Porque ciertamente te libraré, y no caerás a espada, sino que tu vida te será por botín, porque tuviste confianza en mí, dice Jehová.” Ebed-melec confiaba en Jehová. Cuando fue con el rey confiaba en Jehová y halló poder, promesa, perdón y salvación porque fue al rey. Dios lo salvó. Cuando vamos con el Rey y le pedimos perdón, él nos salva. Y si tú no eres salvo no puedes encontrar el poder de Dios y sus promesas, primero debes de tener el perdón del rey, busca primero su salvación y después hallarás promesas y poder.

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