Libre del pecado

La libertada de la que quiero hablar es una libertad después de ser salvo, no tanto de lo que hemos hecho porque Dios nos libera de eso, pero hay cristianos que jamás sueltan lo que otros le han hecho y se amargan y eso es una mochila bien pesada que muchas personas están cargando y quiero ayudarte a quitarte esta mochila para que vivas en la libertad de nuestro Señor Jesucristo.

Vamos a ver tres cosas: Una deuda, una declaración y una desgracia porque tenemos que considerar que cuando la gente nos ha ofendido servimos al dios que no es ‘yo era’ o el ‘yo seré’ sino el ‘yo soy’. Y hay ladrones que nos roban una bendición espiritual. El afán o la preocupación del día de mañana. ¿Eres débil que quieres controlar todas las circunstancias futuras y te pones en el día de mañana y Dios nunca te permite vivir ahí? Yo tengo ese problema y por eso tengo muchas canas, quiero controlar el futuro. También hay otro ladrón que se llama amargura, y es que vamos meditando lo que nos hicieron, lo que nos deben y aunque Dios nos ha llamado para vivir en el día de hoy seguimos viviendo en el día de ayer.

1. Una deuda

La Biblia dice en Mateo 18:21 dice: “Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? Y todos los buenos cristianos dicen: “¡Ay! Pedro siempre tiene que hablar y dar una respuesta equivocada.” Quiero decir que Pedro era mucho más generoso y con más misericordia que tú y yo porque nosotros no perdonamos la primera. Entonces, antes de que juzgues a Pedro, él dijo siete porque estaba pensando que era generoso con estos siete momentos de perdón. 

Imagínate que compras un auto del año, has estado ahorrando por mucho tiempo y lo llevas a la iglesia y lo estacionas y al lado tuyo escuchas un golpe, y era un hermano que abrió su puerta demasiado y ya le dejó un golpe en la puerta de tu carro nuevo y te dice: “Hermano, perdóname.” Y tú dices que sí, pero si te cuesta más de dos mil pesos no es tan perdonable, pero lo bendices y lo perdonas. Esa semana es de conferencias y el día lunes llegas en tu nuevo auto  y ahí está el mismo hermano y decide llegar a jugar béisbol con los jóvenes de la iglesia y le pega a la pelota y destroza uno de los vidrios y el hermano te hace la misma petición: “Hermano, perdóname.” Le dices: “Te perdono, pero ¿cuándo vas a tener un cerebro? ¿Cuándo vas a pensar las cosas antes de hacerlo?” Al día siguiente, el mismo hermano, al salir de la conferencia está dando reversa y “golpe avisa” y golpe avisó por tercera vez.  Y ya es el día martes y ya tienes tres lesiones en tu auto que era tan hermoso. ¿Es fácil perdonar a la misma persona por hacer la misma cosa tres veces?

Antes que pienses que Pedro estaba siendo carnal por sugerir siete, hay que entender algo: Errar es humano y perdonar es divino. Nadie naturalmente, humanamente es bueno para brindar gracia a gente que nos ofende, somos buenos para ofender, y malos para perdonar, y por eso, tenemos que ver lo que Jesús le dice: “No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete.” 

Imagínate que un hermano te lesione el mismo auto por un año y medio, todos los días, eso es lo que Cristo está diciendo; y tú dices que eso no es posible; exactamente es imposible para ti, pero posible cuando Dios entra en tus relaciones personales. 

Basados en esta pregunta que Pedro le hace, Jesús empieza a contar una parábola. Una parábola es una historia terrenal con un significado celestial. 

Dice Mateo 18:23 “Por lo cual el reino de los cielos es semejante a un rey que quiso hacer cuentas con sus siervos. Y comenzando a hacer cuentas, le fue presentado uno que le debía diez mil talentos.”  Hay que entender lo que Jesus dice. Un talento representaba lo que uno ganaba en un año de trabajo, representaba la ganancia de un año entero.

Hay un rey que tiene bajo su puesto a diferentes gobernadores. Entonces, el rey era como el presidente y como la gente nunca ha cambiado, los políticos quieren su plata y delegan grandes cantidades de dinero a sus gobernadores y ellos tienen que levantar empresas, construir puentes y cobrar a la gente y al fin de cuentas mucho para el rey y poco para el gobernador. Entonces se le entregó a este hombre no un año de trabajo, porque aquí no dice que le entregó un talento, sino que debía diez mil talentos. Esto sería billones y billones de dólares. ¡Debía diez mil años de trabajo! No sabemos lo que hizo con el dinero. Él nunca construyó ese puente ni una empresa, y cuando el rey le llamó a cuenta, él tenía en sus manos una deuda apremiante.

En tiempos de la Biblia uno a veces perdía la vida, el rey simplemente te mataba porque le robabas el dinero y en otros casos le exigían ir a un campamento de esclavitud donde él tenía que trabajar sin que otro más pagara. 

La Biblia nos dice que pasó en el versículo 25: “A éste, como no pudo pagar, ordenó su señor venderle, y a su mujer e hijos, y todo lo que tenía, para que se le pagase la deuda.”  Imagínate que por nuestras decisiones horrendas la familia se esparce. Este hombre había cometido sus delitos y sus deudas iban aumentando y llegó el día de juicio y hay que entender que en la furia de ese rey lo merecido iba a llegar, por eso, no le iban a matar sino que iban a encadenar a su esposa e hijos y ponerlos en campamentos de trabajo. Dice el versículo 26 “Entonces aquel siervo, postrado, le suplicaba, diciendo: Señor, ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo.” ¿Esto es una promesa sólida o vacía? Vacía. Él no podía regresar este dinero, él no lo podía hacer. 

Tú y yo estamos en esta historia, esto es más que tinta y papel, la Biblia es poderosa, era ayer, es hoy y será también mañana. Esto tiene una aplicación para nuestra vida. Tú y yo no somos el rey, sino este siervo malvado. Dios nos ha entregado, días, talentos, cuerpo, habilidades para usar para su honra y gloria, pero malgastamos los ojos, las manos, andamos en vicios y pecados, la misma lengua que él diseñó para adorarle y alabarle, la usamos para maldecir y mentir; los mismos pies que él nos hizo para ir a todo el mundo a todo rincón del mundo con su palabra la usamos para ir a antros, cantinas y hacer muchas maldades y hay una deuda enorme. Pablo dice que el pecado atesora para sí ira, para el día del juicio.

Había una mujer que tenía un pequeño agujero en el ático de su casa y salía una abeja y otra y decía que no pasaba nada y no hizo nada en el momento. Meses después, miles y miles de abejas estaban entrando en su casa, hasta que tuvo llamar a una compañía y hubo libras y libras de abejas en toda la casa y toda la casa se destrozó porque no se trató el problema en el momento, se fue acumulando.

Gracias a Dios por las conversiones de adultos, Dios está trabajando. Fui convertido a los dieciocho años y si me preguntas cuándo es mejor para ser salvo es hoy, pero a mí me hubiera gustado escuchar el evangelio desde niño, como Pablo le dijo a Timoteo: Desde la niñez has conocido las sagradas Escrituras. Yo no era salvo, no leía la Biblia y fui acumulando una deuda y si no has hecho nada sobre esta cuenta, no has tomado cartas en el asunto sobre tu  vida espiritual, tenlo por seguro que el día del juicio va a llegar, y la Biblia nos dice sobre esta deuda: por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, (Romanos 3:23). El pecado va gradualmente, va llenándonos de culpa, de temores, y la Biblia dice: está establecido que los hombres mueran..

Puedes ir de iglesia en iglesia y decir que estas bien, que te persignaste, que te echaron agua bendita, y estás bien, pero si nunca haces nada sobre la cuenta que tienes con Dios, hay una deuda creciente y el día del juicio vendrá sobre ti.

2. Una declaración

Gracias a Dios la historia no termina con una deuda porque el segundo punto es una declaración. ¿La corte es un lugar de ley o misericordia? Es de ley. Ellos no te conocen, no les importas para nada, él tiene un libro que dice: hiciste esto y esta es la consecuencia, pero mira lo que dice en el versículo 27: “El señor de aquel siervo, movido a misericordia, le soltó y le perdonó la deuda.” Bíblicamente, perdonar no es olvidar, perdonar no es sentir bonito de alguien que nos ha ofendido, quiere decir enviar lejos de uno para no sacar a juicio el ofensor.

Este hombre hace algo muy increíble, porque la historia hubiera terminado con muerte o con esclavitud, pero terminó con gozo porque la misericordia entró a la escena y esto tambien nos revela algo de nuestras vidas. Cuando nuestro Señor Jesucristo vio a las multitudes como ovejas sin pastor, algó pasó dentro de nuestro Señor, la Biblia dice que los vio y fue movido a misericordia, gracias a Dios él es el que nos ha perdonado y ya no somos hijos de ira sino de gracia. La religión, tratar de no fumar no borró esa cuenta. Tu pasado limpio no se hizo por ti, se hizo a pesar de ti y no es porque una religión te bendijo o te ayudó a guardar las reglas, hubo diez reglas que son los diez mandamientos que nadie pudo guardar, pero Cristo fue a la cruz del calvario, Jesús vivió una vida sin pecado, una vida impecable.

La salvación no es esto: “Diosito lindo, que yo fabrico en mi mente es buena gente como mi abuelo celestial y olvida las cosas malas que hago porque no soy tan malo como mi vecino, soy mejor y por eso Diosito lindo me va a llevar a la gloria.” ¡NO! Dios es un fuego consumidor. Dios dejó quemadas a ciudades enteras, ahogó toda la población humana menos a ocho personas, Dios es un dios de furor que nunca ha cambiado y salvación no es que mejoras un poco, te pones ropa bautista o de domingo o que de repente por hacer mejores cosas estás mejor con Dios, estás mejor con Dios porque Jesús en su gracia aceptó los millones y millones de pecados de mente, de boca, de ojos, de pies que hemos cometido. No somos justos, pero gracias a Dios somos justificados. No tenemos un sistema de redención, tenemos un Redentor y ese Redentor fue a la cruz del calvario y la Biblia dice que él  siendo rico se hizo pobre para que nosotros a través de su pobreza fuésemos enriquecidos.

Dice la Biblia “le soltó y le perdonó la deuda.” No dice que no existió la deuda, él mismo la paga, le traen el libro de todo lo que debía y en letras rojas y grandes le escribe: Deuda cancelada. Gracias a Dios por esos valientes mexicanos hace muchos años pagaron hasta con su sangre para que tuviéramos libertad. ¡Gracias a Dios que podemos reunirnos con libertad! Vives en un país libre por los sacrificios de otros, pero bendito sea Dios que tenemos libertad del pecado por la gracia de Jesucristo que nos perdonó y está con nosotros todos los días.

3. Una desgracia

Me gustaría decir que esta historia acabó, pero esto no es así. Él siervo deja el lugar donde el rey le perdonó todo. Él iba a ser esclavizado y nunca más iba a ver a sus hijos, imagínate la celebración que hicieron, pero ese gozo desapareció por una desgracia. Dice la palabra de Dios en los versículos 28 al 31 “Pero saliendo aquel siervo, halló (cuando dice que le halló es que le buscaba) a uno de sus consiervos, que le debía cien denarios; Un denario representaba un día de trabajo. Si trabajas cien días es algo considerable lo que vas a tener en tus manos. Él vio a un hombre que le debía algo considerable, pero nada considerado con la deuda que le había sido perdonada por el juez,  y asiendo de él, le ahogaba, diciendo: Págame lo que me debes. Entonces su consiervo, postrándose a sus pies, le rogaba diciendo: Ten paciencia conmigo, y yo te lo pagaré todo.  Vas a recordar palabras muy similares en esta misma historia. “Mas él no quiso, sino fue y le echó en la cárcel, hasta que pagase la deuda. Viendo sus consiervos lo que pasaba, se entristecieron mucho, y fueron y refirieron a su señor todo lo que había pasado. ¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti?

Esta es una buena pregunta porque yo lucho con ofensas pasadas, he vivido cuatro décadas y cuando tu caminas suficiente tiempo en este mundo lleno de millones de pecadores, gente te va a ofender y si debe haber personas expertas en perdonar deben ser los que hemos saboreado el  perdón de Dios, porque lo que aprendo de esta parábola es que el perdón de Dios en mi vida no solamente es un milagro, es un modelo. Es un milagro que Dios me da, pero es un modelo de cómo yo debo dar a otros en lugar de alejarme de ellos y odiarlos. 

¿No debías tú también tener misericordia de tu consiervo, como yo tuve misericordia de ti? Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos, hasta que pagase todo lo que le debía.” 

Por ejemplo, soy salvo, pero un amigo hace años, habló mal de mí y no lo voy a olvidar y si lo veo por ahí, cuidado, y él no tiene ningún peso en su espalda pero ¿quién lo trae? Otro mintió acerca de mí, y él algún día lo va a pagar. ¿Soy perdonado? Totalmente. ¿Pude yo depositar todas mis cargas en Cristo hace 25 años cuando lo recibí como mi salvador? ¿Fue un alivio? Sí, pero voy guardando y caminando con todo ese peso, pero la gran pregunta del cielo es ¿No debías también perdonar?

Perdonar no es actuar como que la persona no hizo nada, es decir a tu ofensor: “Tú empezaste esta situación en la carne, la voy a terminar en el espíritu.” No es decir que estuvo bien lo que nos hicieron. Es decir: Lo empezaste en odio, lo voy a terminar en amor.

Antes que digas: “Cuando me sienta mejor lo voy a perdonar.” La Biblia no dice eso. Perdonar no es cuestión de sentimientos, sino de voluntad y tú decides perdonar o no perdonar. La pregunta no es si gente te ha ofendido, la pregunta es si estás llevando todo eso. Qué triste es vivir en un país totalmente libre, pero esclavos del pasado por algo que alguien nos hizo y cuando no perdonamos siguen haciéndolos todos los días.

¿Alguien te ofendió? ¿Tienes ese chip en la mente y sabes sacar esa escena a la pantalla de tu mente? ¿Estás diciendo: “Esto es lo que voy a hacer cuando me encuentre con ellos? La Biblia dice que es una raíz de amargura y las raíces no se pueden cubrir, ignorar, necesitan arrancarse, y la única manera de arrancarlas y no seguir siendo esclavo a lo que la otra persona te hizo es visitar la cruz del calvario porque allí fuiste perdonado. La Biblia dice: perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.

¿Estás luchando con amargura en tu vida? ¿Necesitas pasar este proceso y regresar a la cruz del calvario y decir: “Señor, no puedo en mis fuerzas perdonar a esa persona que me hizo daño, pero sí puedo meter tu cruz en medio de todo porque cuando visito la cruz del calvario mi ofensor no es único pecador en la escena, porque yo mismo soy responsable de tu muerte y lo que me perdonarte fue mucho más grande de lo que ellos me hicieron a mí”? Es tiempo de que como hemos recibido de gracia, dar de gracia.

La historia terrenal tiene una aplicación espiritual. Dice Mateo 18:35 “Así también mi Padre celestial hará con vosotros si no perdonáis de todo corazón cada uno a su hermano sus ofensas.” La Biblia menciona que perdones a tu hermano. La persona que más nos ofende no es la persona que no conocemos o la que nos topamos en Soriana, a veces es dentro de la misma familia y dentro de la misma iglesia. Hay estragos y chispas y esas chispas se convierten en fuego si no tratamos bien con la situación.

¿Necesitamos ser amigos de los que nos ofenden si son criminales? No, eso no es lo que la Biblia está diciendo, sino que no hay que vivir con el deseo de vengarnos, vamos a dejar que Dios tome el control de la situación y bendecir a los que nos maldicen y eso es una decisión, abarca voluntad más que sentimientos.

 

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